La fotografía del niño sirio ahogado en las playas de Turquía cuando intentaba llegar con su familia a Grecia ha hecho que los líderes europeos tomen conciencia de una obviedad: su obligación de dar protección a todos los refugiados. Es un “deber moral”, como ha dicho el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro británico, David Cameron, pero también un deber legal: a ello le obligan las convenciones internacionales.

“Europa no puede renunciar de ninguna mantera a dar asilo a aquellas personas que tengan derecho al mismo conforme al derecho internacional”, ha proclamado Rajoy. “España va a tener una postura constructiva y positiva y a todas las personas que tengan derecho a asilo se les va a atender y colaboraremos a ello con la Unión Europea”.

Rajoy ha evitado, sin embargo, concretar una cifra. Y se ha excusado alegando que “no sabemos a cuántas personas tenemos que acoger”, ya que la cifra de solicitantes de asilo (5.615 en 2014) se ha triplicado en lo que va de año y la propuesta de distribuir entre los Estados europeos 160.000 refugiados llegados a Italia, Grecia y Hungría, que la Comisión Europea aún no ha presentado formalmente, se discutirá en la reunión de ministros de Justicia e Interior de la UE prevista para el día 14.

Para preparar la postura de España en esa cita, el Gobierno ha decidido crear una comisión interministerial, presidida por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, y reunir a la Conferencia Sectorial de Migración, en la que está representada la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Tras calificar de “loable” la iniciativa de varios Ayuntamientos de crear una red de ciudades-refugio para quienes huyen de las guerras, que ha pillado con el paso cambiado al Gobierno, Rajoy ha llamado a “ordenar este proceso” e “ir todos juntos”.

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El jefe del Gobierno español ha asegurado que el país “ha apoyado y va a apoyar el sistema de cuotas” de reparto de los refugiados, aunque no ha dicho si aceptará su carácter obligatorio, como reclaman Francia y Alemania, y ha insistido en que sólo servirá para “afrontar un problema puntual”, no para resolver la cuestión de fondo. Aceptado el principio de que no se puede negar el asilo a ninguna persona con derecho a ello, la única forma de evitar su llegada es poner fin a los conflictos que asuelan Libia o Siria. Más margen de maniobra hay con la lucha contra la inmigración ilegal, en la que Cameron ha puesto como modelo la política de cooperación con los países del África occidental con la que España ha conseguido frenar el flujo de pateras a Canarias.

Cameron ha hecho una enmienda a la totalidad a la política de la Comisión Europea ante la crisis migratoria al anunciar que los “varios miles” de refugiados —no ha concretado tampoco la cifra— que acogerá el Reino Unido no procederán de quienes han logrado alcanzar las costas europeas, sino de los campos de refugiados en los países limítrofes con Siria. Esa es la única manera, a su juicio, de no estimular a quienes huyen de la guerra a emprender una peligrosa travesía de la que se benefician las mafias. En todo caso, Londres no forma parte del espacio Schengen, por lo que no le afecta el sistema de cuotas. Además, ha anunciado la entrega de 100 millones de libras (137 millones de euros) de ayuda humanitaria para las víctimas del conflicto sirio, lo que elevará a 1.000 millones de libras la ayuda bilateral británica desde que estalló la guerra.