“Mito y Leyenda” son términos muy comunes para describir las hazañas de algunos atletas. Para la leyenda del surf Duke Kahanamoku son incluso demasiado simples: si el surf es como lo conocemos hoy en día, se lo debemos a él.

Nació a Honolulu en 1890 y desde muy temprana edad empezó a surfear. La cantidad de anécdotas sobre este personaje son innumerables: practicó natación y compitió por primera vez a los 21 años, superó tres récords mundiales y  sus tres medallas olímpicas de oro no tardaron en llegar.

Entre una y otra competencia, encontró tiempo para inventar nuevos estilos y difundir el verbo surfear en todo el mundo. El período de presentaciones en Australia, California y Nueva Zelanda fue un puro entrenamiento que atrajo a miles de seguidores.

En los años 20 llegó a Hollywood y actuó en varias películas. Su popularidad en los EE.UU creció tanto que el mismísimo presidente Roosevelt interrumpió su gira electoral para conocer personalmente el ídolo de la nueva generación.

Carismático, pero tranquilo y sencillo, de 1934 a 1960 fue sheriff de Honolulu y salvó la vida a varios surfistas a merced de las olas del océano. ¿Se puede mencionar algo más? Aclamado por el pueblo, en 1966, fue el primero en formar parte del Hall of Fame de la natación y el surf.

Su vida estuvo siempre rodeado de éxito, en todos los sentidos. Pero su mayor regalo fue presentarle al mundo el surf como un deporte practicado con gracia, generosidad y altruismo: “Hay tantas olas en el océano, una después de la otra. No te preocupes, tómate tu tiempo. Deja espacio para los demás que tu ola llegará “.

Las leyendas son eternas: “The Duke”, el padre del surf moderno.

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