La vasta frontera oriental de Rusia está escasamente poblada y subdesarrollada. No obstante, es ahí donde se encuentra un pueblo que anhela convertirse en la nueva Las Vegas del oriente para atraer jugadores de toda Asia.

Las mejores ruletas están diseñadas con una ingeniería precisa y terminadas a mano para rodar silenciosamente, y hechizar a los jugadores de Montecarlo, Mayfair, Las Vegas y… Vladivostok.

¡Sí, Vladivostok!

Ese puerto en la remota costa oriental rusa, vetado a extranjeros durante la Guerra Fría por ser base de la Flota Soviética del Pacífico, se está relanzando como un destino panasiático.

Su nueva identidad: Las Vegas dentro del bosque.

Mercado asiático

Vladivostok
El remoto puerto busca atraer jugadores de China, Japón y Corea del Sur.

Craig Ballantyne, un locuaz escocés que tiene la pinta convencional del contador que una vez fue, se jacta ahora de ser el director en jefe de operaciones del centro vacacional y casino Tigre de Cristal, en Vladisvostok.

Ballantyne trabaja para uno de los más grandes magnates del juego de Hong Kong, Laurence Ho.

Ho está apostando US$800 millones a que el lejano oriente de Rusia está a punto de volverse el nuevo eje de los amantes de emociones de Asia.

“Recuerden, hay 120 millones de chinos, japoneses y coreanos enloquecidos con el juego que están a solo dos horas de vuelo de este sitio“, dice Ballantyne mostrando el encumbrado salón de recepción del Tigre de Cristal.

Se ven columnas romanas e iluminación de punta aunque está lejos de estar terminado.

Aún hay obreros chinos y electricistas rusos entre el polvo, trabajando al máximo para asegurar que esta catedral de la ostentación esté lista para la gran inauguración en un par de meses.

Se espera la asistencia del presidente Vladimir Putin.

Dentro de cinco años habrá seis casinos más. También un parque acuático de diversiones, un campo de golf, balnearios y teatros. Todo creado dentro de un bosque donde las temperaturas descienden a -20º centígrados en el invierno.

Actualmente se capacitan cientos de jóvenes rusos como crupieres, administradores y recepcionistas.

Grandes planes

Se supone que esta zona de entretenimiento, con los planes de convertir a Vladivostok en puerto libre, además de ofrecer una serie de incentivos fiscales e inversiones, transformará el lejano oriente de Rusia de un olvidado rincón del imperio ruso en un eje del giro del presidente Putin hacia Asia.

El objetivo: encontrar nuevas fuentes orientales de capital y comercio.

Puente a la isla Russkiy
Vladivostok proyecta una nueva imagen con este puente a la isla Russkiy, uno de dos grandes puentes construidos a un alto precio.
Puente de Vladivostok
El otro puente cruza la Bahía del Cuerno de Oro de Vladivostok.

Es una visión estratégica que ya le ha dado una nueva imagen a Vladivostok.

Dos inmensos puentes de suspensión definen ahora la silueta de la ciudad. Uno cruza la Bahía del Cuerno de Oro en el centro de la ciudad y, el otro, comisionado por Putin para la cumbre de líderes de Asia Pacífico, en 2012, se une la Rusia continental con la vecina isla Russkiy.

Su costo fue de US$1.300 millones, un precio increíblemente alto para un puente que llega a una comunidad de unas 5.000 personas. Algunos ciudadanos locales lo desestiman como un monumento a la vanidad y la ilusión.

Pero, por lo menos, se construyó.

El lejano oriente de Rusia algunas veces tiene más que un parecido con el legendario y salvaje lejano oeste de Estados Unidos: sin ley y lleno de malandros.

Cultura de corrupción

Las grandes ambiciones de Moscú se ven entorpecidas por la cultura local de corrupción, coimas, mordidas y fraudes ilustrados en la historia de los dos hoteles Hyatt de Vladivostok. Se suponía que estarían construidos a tiempo para la Cumbre del Asia Pacífico de 2012, convocada por Putin.

A pesar de recibir cientos de millones de dólares en fondos públicos, no fueron terminados a tiempo. Tres años después continúan vacíos.

Panorama de Vladivostok
Vladivostok tiene un historial de corrupción, sobornos y fraudes.

La BBC visitó uno de ellos, un hotel de cinco estrellas en obra rodeado de alambre de púas. Nadie sabe lo que ocurrió. El único guardia de turno levanta los hombres y dice: “Somos la gente pequeña, como vamos a saber qué ocurrió”.

El más reciente gobernador regional fue destituido bajo una lluvia de acusaciones de corrupción. Un exalcalde de Vladivostok abandonó el cargo entre la humareda que dejó una granada que fue arrojada frente a su oficina.

“Estamos limpiando el desorden”, le aseguró el actual alcalde a la BBC, mientras los hombres de su séquito intercambiaban miradas.

El urbanizador Alex Riabov no tiene duda que dentro de una generación Vladivostok será un eje asiático que competirá con Singapur o Shanghai.

Invitó a la BBC a ver dos lujosos edificios residenciales con vista al mar que está construyendo con financiamiento de inversionistas chinos.

“Hay mucha gente por aquí que puede pagar por este lujo”, comenta.

Frente a Zuma, catalogado como el restaurante más exclusivo, se ven tres Humvees todoterreno de lujo estacionados. El lugar está lleno de hombres con gafas oscuras, a pesar de que es de noche.

Es tiempo de bonanza para unos pocos en Vladivostok y la ciudad podría ser una de las mayores beneficiadas de la ruptura de Putin con Occidente.

Pero, dadas las motivaciones e inclinaciones de la élite empresarial y política del este de Rusia, todavía no sería muy sabio apostarle a su éxito. A no ser que no te importe perder hasta la camisa en el Tigre de Cristal.

VíaBBC, Rusia
FuenteBBC, Rusia
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